Desde 1941, Lumilagro fue sinónimo de termos con sello 100% argentino, un emblema de la producción nacional que se mantuvo vigente por más de ocho décadas. Sin embargo, en los últimos dos años, la empresa atravesó un profundo cambio tras una caída del 50% en las ventas.
Este contexto adverso llevó a Lumilagro a desvincular a 170 trabajadores y a apagar sus hornos en la planta ubicada en Tortuguitas. La firma decidió dejar de fabricar sus tradicionales termos de vidrio y reducir a la mitad la producción de termos de acero, que era parte de su línea desde hace dos décadas.
Martín Nadler, director ejecutivo y propietario de la empresa familiar fundada por Eugenio Suranyi, explicó que la empresa se reinventó y ahora importa todos sus productos desde China. La decisión responde en buena medida a la avalancha de termos importados sin control que han inundado el mercado nacional, muchos con características peligrosas para la salud.
"En Argentina se consumen alrededor de 4 millones de termos anualmente, y solo desde Paraguay ingresaron otros 4 millones, sumado lo que entra por la frontera norte. Son termos tóxicos que al contacto con agua caliente liberan metales cancerígenos", advirtió Nadler, quien cuestionó la falta de acciones estatales para combatir el contrabando.
La competencia irregular impactó especialmente en la venta del termo de vidrio, históricamente más demandado que los de acero. Actualmente, las ventas están divididas en partes iguales entre ambos tipos, resultado de un mercado saturado por productos importados y de menor calidad.
Aunque el termo es un elemento de primera necesidad para los argentinos, y suele aumentar su venta en tiempos de recesión, las condiciones del mercado y el avance del contrabando llevaron a Lumilagro a la difícil decisión de trasladar su producción al exterior, marcando el fin de una era en la industria nacional.